Índice
Oración de los convivios de Fasta
Oración para pedirle a Dios infunda en Fasta
los carismas paulinos prometidos
Oración por los 100 años de las apariciones
de Nuestra Señora del Rosario de Fátima
Oración de Santo Tomás para el estudio
Novena a Santa Catalina de Siena
Oración por las Comunidades de Fasta
Oración de las madres de los Sacerdotes de Fasta
Oración por los 40 años de Fasta
Oración de los padres de familia de los milicianos de Fasta
Oración por los que se preparan a recibir el orden sagrado
Oración por las Catherinas de Fasta
Oración de los convivios de Fasta
Cordero crucificado, que por la Cruz triunfaste
sobre el Demonio y la muerte,
Tú que, a cada uno de nosotros,
guiaste por misteriosos caminos
orientándonos hacia ti,
reuniendo nuestras almas y nuestras diferencias,
queremos combatir por tu gloria
la batalla de la fe
dentro de nuestros corazones,
a favor de nuestro prójimo y de la Patria.
Asístenos, Señor misericordioso,
en la lucha contra nuestras flaquezas y miserias,
camina a nuestro lado en la marcha
y cura las heridas del combate,
perdónanos la soberbia, el egoísmo, la pereza,
el temor y la falta de fe, pues,
Señor, solo Tú lo puedes.
Haznos, Señor, mansos y aguerridos,
caritativos y firmes, generosos y guardianes,
serenos y audaces, piadosos y alegres.
Y que descubramos,
en estas aparentes contradicciones,
el milagroso camino que lleva hacia tus luceros,
hacia tu visión final.
Señor nuestro y Dios nuestro,
Majestad de majestades, Rey de reyes, único monarca
ante quien nos sometemos, proclamando:
“A tus ordenes, Cristo Rey, pues Tú nos llamas”.
Oración para pedirle a Dios infunda en Fasta
los carismas paulinos prometidos
(1 Co 12, 4-11; 28)
Señor de la historia,
manda tu Espíritu Santo a las comunidades de Fasta
para que conozcamos tu verdad plena
y nos hagas recordar siempre todo lo que Tú nos has enseñado.
Que tu Espíritu Señor nos infunda los carismas
y así podamos ayudar a edificar tu Iglesia
en estos tiempos de la Nueva Evangelización.
Danos, Señor, el carisma de sabiduría
para que con él podamos iluminar,
con tu revelación, todas las cosas.
Danos, Señor, el carisma de ciencia
para que podamos tener una fina conciencia
de las realidades temporales con las cuales
el hombre construye su propia historia,
y podamos hacerlas más espirituales y filiales.
Danos el carisma de fe que nos permita
fortalecernos consagrados en tu verdad
sin ninguna duda que contamine el corazón.
Que estos carismas doctrinales
sean legitimados con los prodigios de tus
carismas de curaciones y milagros
para que todos los hombres nos crean.
Danos, Señor, el carisma de profecía
para que podamos visualizar
las contingencias futuras caminado siempre,
sin detenernos, hacia la vida eterna.
Danos los carismas de locución y de interpretación de lenguas
para que podamos ser comprendidos y seguidos
cuando anunciamos el Reino de Dios
según el espíritu de la Nueva Evangelización.
Danos Señor
el carisma de discernimiento de espíritus
para que podamos guiar a las almas
al encuentro de tu conocimiento
y puedan participar de tu vida y de tu gloria.
Danos finalmente Señor el carisma
de asistencia y gobierno
para que podamos intuir las necesidades ajenas
y ayudar a orientar a Fasta
hacia el logro de su bien común eclesial.
Todo esto te lo pedimos por intercesión
de nuestra Señora la Virgen Santísima,
que supo acompañar a los Apóstoles
en el comienzo de la historia de la Iglesia.
Amén.
Fr. Dr. Aníbal Fosbery O.P.
Fundador y Presidente de Fasta
Oración por la Patria
Oh Dios,
a quien las Sagradas Escrituras
proclaman Rey y Señor de las naciones,
te queremos pedir por nuestra Patria.
Te pedimos, Señor,
por todos aquellos que trajeron
la fe de nuestros padres a este continente,
sacerdotes, misioneros, civiles, soldados.
Te pedimos Señor,
por los padres de la Patria,
que nos legaron su fe y libertad;
por nuestros poetas, nuestros músicos,
nuestros artistas y nuestros santos,
que nos ayudaron a descubrir a la Patria
desde la belleza de su heredad;
por los criollos que hicieron posible,
con sus bienes, sus familias y sus vidas,
la independencia nacional;
por los gauchos que acompañaron
los ejércitos libertadores
en la gesta de la emancipación de América;
por nuestros caudillos que
defendieron la cultura criolla
de nuestra nacionalidad;
por los hombres que hicieron posible
la organización nacional
y promulgaron una Constitución proclamando a Dios
como fuente de toda razón y justicia;
por los aborígenes que se incorporaron
a la Nación y ayudaron, como argentinos,
a la afirmación de nuestra conciencia territorial;
por todos los hombres de buena voluntad
que vinieron a habitar el suelo argentino ayudando con su trabajo, su entrega,
sus proyectos y sus esperanzas,
al desarrollo y engrandecimiento
de nuestra Nación;
por todos los que sufrieron persecución,
torturas y muerte ignominiosa
en defensa de la Patria,
de sus valores culturales,
de sus instituciones y de su libertad;
por los que se equivocaron
buscando caminos
en la ideología de la violencia;
por los héroes de la guerra
de las Islas Malvinas,
para que sus padres, sus hijos,
sus familiares y sus amigos,
encuentren consuelo en la fe
y se sientan orgullosos de su entrega;
por los argentinos de hoy
para que recobremos la conciencia
de nuestra identidad como Nación
y podamos aportar
con nuestros esfuerzos,
sacrificios y trabajos,
a la paz y a la grandeza de la argentinidad.
Te lo pedimos
por Cristo Nuestro Señor,
y por la intercesión
de Nuestra Señora de Luján,
Madre y Patrona de la Patria.
Amén.
Fr. Dr. Aníbal Fosbery O.P.
Fundador y Presidente de Fasta
San Miguel de Tucumán, 1984
Oración por los 100 años de las apariciones de Nuestra Señora del Rosario de Fátima
Del cielo su sonrisa
la más bella;
de sueños esperados
la consecha;
de las interseciones
la perfecta.
A unos niños pastores
se presenta;
en lejanas tierras
portuguesas
para dejarnos la osadía
Medianera
de Fátima viviente
en la estepa.
Y se llenó el aire de plegarias
con lágrimas
dolor y penitencia,
que al mundo y sus pecados
anatema.
El hombre corrompido
ha olvidado
las gracias salvíficas
que llegan
de su corazón de Madre
Inmaculado.
Cien años hace que vino
y nos dijo,
por los niños pastores,
el mensaje
Oración de Santo Tomás para el estudio
Creador inefable, que de los tesoros de tu sabiduría
formaste tres jerarquías de ángeles,
con maravilloso orden los colocaste sobre el cielo empíreo,
y distribuiste las partes del universo con suma elegancia.
Tú que eres la verdadera fuente de luz y sabiduría,
y el soberano principio,
dígnate infundir sobre las tinieblas de mi entendimiento
un rayo de tu claridad,
para apartar de mí la doble oscuridad en la que he nacido:
el pecado y la ignorancia.
Tú, que haces elocuentes las lenguas de los niños,
instruye mi lengua e infunde en mis labios la gracia de tu bendición.
Dame agudeza para entender, capacidad para retener,
método y facilidad para aprender, sutileza para interpretar,
y gracia copiosa para hablar.
Dame acierto al empezar,
dirección al progresar
y perfección al acabar.
Amén.
Regina Coeli
El Regina Caeli sustituye el rezo del Angelus durante el tiempo pascual. Así lo estableció El rezo de la antífona de Regina Coeli el Papa Benedicto XIV en 1742. Litúrgicamente está prescrita en el Breviario Romano desde las completas del Sábado Santo hasta la hora nona del domingo de Pentecostés
ESPAÑOL
G: Reina del cielo, alégrate, aleluya.
T: Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.
G: Ha resucitado según su palabra, aleluya.
T: Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
G: Goza y alégrate Virgen María, aleluya.
T: Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.
Oremos:
Oh Dios, que por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen. (tres veces)
Oración por las Comunidades de Fasta
1. Señor, hoy te pido por las comunidades.
“Señor Jesús, Tú has estado hoy en medio de nosotros de una manera particular. Tú estás en medio de nosotros y nos hablas y nos pides que formemos comunidades pascuales. Señor, estas comunidades pascuales exigen que Tú estés allí, que sean comunidades que te transparenten y te comuniquen. Para esto hace falta, Señor, que el Espíritu venga sobre nosotros. Ayer celebramos este primer descendimiento sobre la comunidad primera, de tu Iglesia nueva. Ahora, Señor, sobre nosotros, sobre nuestras comunidades, envía tu Espíritu, Espíritu de verdad, de fortaleza y de amor. Envía el gran Consolador, para que nuestras comunidades sean realmente comunidades de oración, comunidades alegres, comunidades de esperanza, Señor, que cuando la actividad nos tiente a dejar la profundidad interior, Tú nos llames al destierro, donde nos encontremos contigo y allí te encontremos con corazón de hermano universal para todos los hombres que sufren. Señor, que cuando el desaliento nos tiente al cansancio, a la desesperanza, Tú nos estés gritando dentro por tu Espíritu: ánimo, que todavía te falta un largo camino; sal a gritar a los hombres la esperanza y así la tendrás también reconquistada. Es la mejor manera de reconquistar la esperanza que se nos había perdido, comprometernos a comunicarla a los hermanos. Señor, que en los momentos más intensos de la noche, de oscuridad, de sufrimiento y de cruz, cuando estemos tentados de tristeza, Tú nos envíes al Consolador, al Paráclito, a la consolación verdadera, para que gustemos adentro la alegría del espíritu, para que seamos fundamentalmente alegres, para que desde allí, oh Jesús, comuniquemos a los demás la alegría de la pascua. Señor, de esta comunidad aquí presente, de todas las comunidades, las que están esparcidas por todo el mundo, haz que sean verdaderamente comunidades pascuales, es decir, comunidades que viven la vida del Espíritu, que viven a ti generosamente abiertas en servicio integral a los hombres, Señor, que esperan la buena noticia de la salvación. Amén”.
2. Señor, concédenos el gozo de la comunión.
“Señor, Tú has sido enviado por el Padre. Nos has comunicado el Espíritu para que vivamos el gozo de la comunión. Tú has venido, Señor, para indicarnos que la Iglesia es comunión desde la Trinidad, en la Trinidad, para la Trinidad. La Iglesia es así, Pueblo de Dios congregado por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Señor, haznos gustar la comunión en este momento de la historia del mundo en que los hombres están tan profundamente divididos. Ayúdanos a comprender qué significa una Iglesia en comunión. Ayúdame, Señor, a que en la propia comunidad en la que estoy, en el barrio donde vivo, en el colegio donde trabajo, logre morir cada día un poco más a mí mismo y viva cada día un poco más por mis hermanos, construyendo tu Iglesia-Comunión. Que todos los hombres, al vernos unidos, reconozcan tu presencia y crean de verdad que Tú has venido a traernos el gozo y la comunión. Amén”.
3. Señor, haznos constructores de comunidad.
“Señor, Tú estás aquí y te manifiestas a través de un dolor, de una palabra, de la alegría, de esta paz muy honda que ahora experimentamos. Señor, Tú estás aquí y me hablas y yo escucho y respondo. Tú me estás pidiendo algo y yo te lo doy. No basta que te haya dicho: Señor, quiero cambiar, quiero vivir mejor mis deberes contigo y mis deberes con mi prójimo. No basta. Tenemos que decidirnos a formar una comunidad nueva: una comunidad cristiana, que sea auténtica comunidad de fe, de esperanza y de amor. Porque lo que cambia el mundo no es simplemente el testimonio aislado de una persona. Lo que cambia es el testimonio de una comunidad que ama y que se compromete por el amor a cambiar la historia. Que la Virgen del Hombre Nuevo nos haga a nosotros creación nueva por el Espíritu. Que la Virgen de la Caridad y del Servicio nos abra a los hermanos y nos comprometa de veras a abrazar al mundo, iluminándolo en la fe gozosa del Amor. Amén”
Oración de las madres de los Sacerdotes de Fasta
Dios, Padre Celestial,
las madres de los sacerdotes de FASTA queremos
llegar humildemente hasta Ti,
para darte gracias porque nos has privilegiado
eligiendo a nuestros hijos para que ejerzan las
funciones mediadoras de la gracia, para que sean
auténticos anunciadores de la palabra de Dios y
guías pastorales de las almas.
“Desde el día que supimos la noticia no hemos
dejado de rogar por ellos”. (Col. 1, 9),
por eso, humildemente te pedimos,
que los mantengas en tu amistad,
que los hagas crecer en santidad,
que los consagres en tu verdad,
que les infundas tu Espíritu para que puedan
reavivar, cada día, el carisma de Dios que
recibieron por la imposición de las manos.
Padre santo, conserva con tu gracia
y tu misericordia, a estos hijos nuestros,
sacerdotes, para que vivan en comunión de amor,
estén siempre contigo donde Tú los envíes,
y los preserves del mundo, el Maligno y el Anticristo
y, después de una larga vida puesta a tu servicio,
contemplen la gloria a la que los has llamado.
María Santísima, que al pié de la Cruz recibiste
en Juan a todos los sacerdotes, ruega por ellos. Amén.
Pregón Pascual
¡Alegraos!
Este es el pregón de la Iglesia
Este es hoy: en esta noche única, santa especial su anuncio:
¡Alegraos!
Más allá de las penurias que podamos soportar;
Más allá de la implacable visita del dolor,
De la irreversible presencia de la muerte;
Más allá de los absurdos y las desorientaciones;
Más allá de las tinieblas y de las angustias;
Más allá del pecado y la corrupción;
La Iglesia como hace 1991 años atrás, hoy nos dice:
¡Hermanos Alegraos!
Esta es una alegría nueva;
Este es un mensaje nuevo, solamente la Iglesia
lo puede proclamar en la serenidad de una noche como ésta;
Este único mensaje, esta única noticia:
¡Alegraos!
Y solamente ella puede decirlo,
Ella que sabe el peso del dolor,
Ella que conoce la veracidad de la corrupción y del pecado;
Ella que sabe en qué medida y cómo sentimos dentro del corazón
la fuerza de nuestras miserias, de nuestros dobleces,
de nuestras prevaricaciones, de nuestras traiciones;
Ella que recoge desde la cruz
Toda la fuerza de la crucifixión
y todo el dolor profundo que está en el Crucificado;
Ella que sabe de los martirios,
ella que sabe de las traiciones,
ella que sabe de las corrupciones,
ella… la Iglesia nuestra Madre, hoy en esta noche nos dice:
¡Alegraos!
¿Y de dónde viene esta fuerza a la Iglesia?
Cómo es posible que la Iglesia que conoce al hombre;
Que la Iglesia descubriendo cómo descubre la miseria del hermano;
Que la Iglesia sintiendo como nadie la angustia que sofoca
y oprime el corazón frente a las debilidades de los hombres,
¡Cómo es posible que nos diga:
¡Alegraos!
¿De dónde saca esta fuerza?
¿De dónde saca esta seguridad?
¿Dónde radica esta confianza?
…En el Resucitado
En la esperanza de la resurrección.
La fuerza de la Iglesia, radica precisamente en que hoy
Cristo ha resucitado.
Y si el Señor resucitó, todo lo demás ya carece de valor y de fuerza.
Esto es lo único que nos arrebata,
esto es lo único que nos convence,
esto es lo único que nos da seguridad.
Ya no tiene fuerza ni el tiempo ni la muerte;
Ya no tiene poder ni el pecado ni la corrupción;
Ya no tiene sentido ni el mismo dolor.
Ni el drama de las cosas que se dan o no se dan;
De las cosas que podemos tener o no tener,
De las cosas que se nos entregan o se nos niegan.
Hay una realidad más trascendente,
Hay un mensaje más fuerte,
Hay una noticia más halagadora,
Hay una esperanza nueva que nos rescata,
Que nos convence,
Que nos da confianza,
Que nos serena.
¡Alegraos! ¡Alegraos!
¡Cristo resucitó!, y entonces si el Señor Resucitó:
¡Qué importa tu miseria!
¡Qué importa tu corrupción!
¡Qué importa tu pasado!
¡Qué importa tu dolor!
¡Qué importa tu frustración!
¡Qué importa tu muerte!
Si en el Señor todo eso ha sido superado,
Ahí está nuestra liberación;
Ahí está la fuerza del mensaje de la Salvación;
Esto es Salvarse.
Por eso nos Salvamos y queremos Salvarnos en el
Misterio de este Cristo que se da y desde la Cruz
nos Salva Resucitando;
Y que Resucitando nos incorpora a su Cruz,
Incorporándonos a su Cruz nos SALVA.
Este es el misterio del Bautismo.
Esta es la gracia de ser cristianos.
Nadie puede entregar este mensaje,
Nadie puede decir a los hombres que se alegren;
No hay doctrina política,
No hay elucubraciones filosóficas,
No hay mensaje ni culturas que puedan decir
Lo que solamente nosotros los cristianos:
En el Misterio de la Resurrección,
En la gracia del triunfo de Cristo,
En la Alegría de este Cristo triunfante,
En esta noche de Pascua podemos decir los únicos…
¡Alegraos!
¡Alegres desde adentro!
Alegres más allá del dolor;
Alegres con la alegría teológica de saber que ahí está
la salvación y la gracia de la salvación.
Con esa alegría,
Solamente nosotros podemos decirles
a todos los hombres,
a todos los hermanos.
Hoy tendríamos ganas de salir corriendo por los caminos,
Abrazando a los hombres;
Entrar a los hospitales,
Llegar a las cárceles.
Tratar de llegar a todo el que se siente angustiado y dolorido,
al traidor y al corrupto,
Al pecador,
A cada uno de nuestros hermanos y decirles:
¡Alégrense! ¡Alégrense!
Ya no tiene fuerza el pecado,
Ya no tiene fuerza el dolor,
Ya no tiene fuerza la muerte.
¡¿Se dan cuenta lo que esto significa?!
¡¿Se dan cuenta cómo, a pesar de todo, podemos esperar?!
Podemos confiar;
Podemos vivir en la fuerza de esta esperanza.
Por esto, esta es la noche única,
es la noche Santa,
La noche en que pasa el Señor.
Cómo quisiéramos pedirle al Cristo Resucitado
Que le dé fuerza a nuestra Fe,
Nos haga gozar de esta alegría y de esta esperanza,
Que nos haga entender que, si Cristo Resucitó,
Ya no tienen valor para nosotros las cosas de abajo,
Que solamente tenemos que vivir mirando
y esperando las cosas de arriba.
Señor… ¡Mi Señor Jesús!
Cómo quisiera decirte esta noche, desde mi corazón de Miliciano,
Desde mi debilidad y de mi miseria,
Pero también desde mi esperanza y de mi confianza;
Cómo quisiera pedirte que nos des la gracia de la Alegría,
La fuerza de la Esperanza,
La serena paz de la confianza;
Y desde aquí, cómo quisiera pedirte
que nos ayudes a caminar de nuevo, de un modo nuevo.
Como quien se siente, aunque vencido triunfante;
Porque sabemos que más allá
de las circunstancias de cada día,
Hay una esperanza nueva que nos espera,
La Esperanza del Cristo que ha Resucitado.
Que ese sea nuestro gozo.
Que esa sea nuestra Paz.
Que esa sea la Alegría de la Pascua.
Himno de Laudes
Señor de los ejércitos
Rey de las almas
infunde con tus dones
fe miliciana
a los que convocaste
desde tu gracia
a hacer de nuestras vidas
Ciudad de FASTA.
Que cuando el miliciano
haga plegaria
las voces interiores
que lo reclaman,
se encuentre con el Cristo
que lo llama
a vivir en vigilia
de Dios y Patria.
Sea el honor y la gloria
y la alabanza
al Cristo de los Rucas
que nos acompaña
en unidad con el Espíritu
que nos da gracia
y al Padre Eterno y Santo
que nos creara.
Amén.
Himno de Vísperas
El día nos acerca
al fin de la jornada
pidamos al Eterno
proteja a nuestras almas
y nos ayude siempre
a mantener la gracia.
Que alumbre la Ciudad
el sol de la esperanza
y la sostenga indemne
de corrupción e infamia
la fe del miliciano
que habita en sus murallas.
Que la haga pura y limpia
la inocente plegaria
de niños Escuderos
y Caperuzas Santas
jugando con el Cristo
que los llama a la FASTA.
Que Templarios la guarden
y la Adalid la haga casa
para que habite el amor
que transfigure sus almas
y sea templo para Dios
y para la Patria alcázar.
Gloria al Eterno Padre
a Él toda la alabanza
y al Cristo que nos convoca
a la Ciudad Miliciana
y al Espíritu Paráclito
que santifica y da gracias.
Oración por los 40 años de Fasta
Señor, Dios inefable,
Creador del universo,
Dios de amor y misericordia,
los milicianos de FASTA
te suplicamos quieras
seguir iluminando nuestra
marcha, como guiaste
al pueblo elegido durante
su peregrinar en el desierto.
Hace ya cuarenta años, Señor,
que hemos salido, boina orejeada,
mochila y corazón.
No sabemos cuánto más
tendremos que caminar
hasta que tú vuelvas.
Por eso te pedimos:
que no perdamos
aquel fervor de los
primeros tiempos,
cuando sólo el caminar
nos motivaba;
que los frutos del camino
nos inciten de nuevo
a dar batalla;
que sigamos amando lo difícil
y lo heroico de empezar
cada mañana;
que sigamos encontrando amigos
por los senderos de hermanadas
patrias;
que se agrande la pasión
por el servicio,
en juvenil entrega de esperanza;
que nuestros ojos busquen
siempre cumbres,
añorando el vigor
de viejas marchas;
que cantemos jubilosos
con una sola voz,
los himnos de la FASTA,
y que al fin del camino
nos aguarde,
aquel lucero que no
tiene ocaso, y que
sigue brillando en
nuestras almas.
Todo esto te lo pedimos
en el nombre de Cristo Nuestro Señor,
y de María Santísima,
la Madre Inmaculada. Amén.
Oración de los padres de familia de los milicianos de Fasta
Señor, Dios nuestro, humildemente llegamos hasta ti
con nuestra oración.
Elevando nuestras mentes queremos glorificarte
por los bienes que nos haces alcanzar en el mundo;
queremos alabarte, porque tú eres el Dios providente
que acompañas con misericordia nuestras necesidades;
queremos darte gracias por los designios de salvación
con que llevas, ayuda y proteges
a las familias de FASTA.
Te pedimos Señor, quieras iluminar
con la gracia de la fe, nuestra misión de padres
para saber orientar a nuestros hijos
por el camino de salvación que les
ofrece FASTA.
Que cotidianamente busquemos, antes que nada,
el reino de Dios y su justicia.
Que como familia nunca dejemos de amarnos,
sostenernos, comprendernos, perdonarnos,
y que, como padres de esta agrupación de FASTA
sepamos dar a los jóvenes milicianos
razones de nuestra esperanza.
Oración por los que se preparan a recibir el orden sagrado
Señor, Tú que has elegido a estos hermanos nuestros para que ejerzan el ministerio diaconal y sacerdotal en las comunidades de Fasta; te pedimos, por intercesión de Nuestra Señora del Rosario y nuestros patronos los santos dominicos, quieras hacer que ellos, que han escuchado tu llamado a la perfección sobrenatural, puedan, con magnanimidad y entrega, ser justificados y glorificados en tu gracia.
Que sean hombres del altar y de la Palabra.
Que, como tales, estén siempre preparados para servir celebrando la liturgia y la predicación del Reino.
Dales siempre, Señor, tu luz sapiencial para que no los confundan las tinieblas del mundo; dales, Señor, la suficiente ciencia espiritual para que no sean violentados por las tentaciones del demonio; dales, Señor, fortaleza en la voluntad para que puedan luchar contra las debilidades de la carne.
Finalmente, dales, Señor, conciencia evangélica, para que, en todos los ministerios que tengan que realizar, lo hagan con la intención de buscar siempre lo bueno, lo perfecto y lo justo, según tu gracia y mirando tu salvación.
Haz, Señor Jesús, que junto a ellos, los laicos de Fasta, podamos formar verdaderas comunidades apostólicas que nos permitan acompañarlos siendo “hombres del mundo en el corazón de la Iglesia y hombres de Iglesia en el corazón del mundo”.
Amen.
Fr. Dr. Aníbal Fosbery O.P.
Fundador y Presidente de Fasta
Oración del Tutor
Señor:
Dame con cada uno de mis alumnos, el don del encuentro verdadero.
Dame la ternura para mirarlos, como tú nos miras.
Dame la palabra justa, el gesto oportuno.
Señor, quiero quererlos, quiero ayudarlos, rescatarlos, protegerlos, guiarlos.
Dame Padre mío, tu luz para orientarlos y tu corazón para amarlos.
Dame tus brazos para abrazarlos.
Dame tu cruz Señor para entenderlos y ayudarlos en su dolor.
Dame humildad, sencillez y templanza para sostenerlos, fortaleza para motivarlos, justicia paran evaluarlos y prudencia para corregirlos.
Te pido Jesús, me hagas instrumento.
Que pueda ayudar a acercarlos a ti.
Señor dales Fe, dales tu Esperanza cólmalos de tu Amor.
Dame tu gracia Señor, no sólo de conocerlos sino de amarlos,
No sólo de acompañarlos, sino de ayudarlos a ser más libres.
Que, como tu Madre, la Santísima Virgen, guardemos todo en silencio y en oración.
Que la Eucaristía, sea nuestro alimento y que el espíritu Santo nos conduzca
la rectitud de nuestra intención y el fervor de nuestra acción.
Amén.
Oración por las Catherinas de Fasta
Señor, queremos pedirte por las Catherinas de Fasta,
te rogamos les concedas la gracia de la fidelidad y la perseverancia.
Que un sí magnánimo sea la respuesta consciente y libre
que quieran ofrecerte al consagrar sus vidas y ponerlas a tu servicio.
Quita, Señor, de sus corazones todos los resabios de envidias,
egoísmos, pequeñeces. Dales un corazón puro y fervoroso,
tierno y valeroso, que, a ejemplo de Nuestra Madre la Santísima Virgen María,
y de Santa Catalina de Siena, solo busque servirte a Ti,
Dios Verdadero, y a tu Hijo Jesucristo Nuestro Señor.
Que en cada día de sus vidas consagradas puedan buscarte y encontrarte,
alabarte y amarte, con alegría y esperanza,
para poder, de esta manera, servirte en cada hermano o hermana de Fasta que las necesite.
Que respondiendo con rectitud de intención a su vocación-misión
puedan ayudar a crecer a Fasta como Reino de Dios, en santidad y comunión miliciana.
Todo esto te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor,
por intercesión de María Santísima del Rosario, y nuestra patrona Santa Catalina de Siena.
Amén.