Triduo Santa Catalina de Siena

  • DÍA 1: SANTA CATALINA, LA MÍSTICA DEL VERBO ENCARNADO.

Oración inicial para cada día
Espíritu Santo, ven a mi corazón; atráelo hacia ti por tu poder, oh Dios mío, y concédeme caridad con temor filial. Guárdame, oh Amor inefable, de todo pensamiento malo; caliéntame, enciéndeme con Tu amor querido, y todo dolor me parecerá ligero. Padre mío, Señor mío, ayúdame en todas mis acciones. Jesús, amor, Jesús, amor. Amén.
(Invocación al Espíritu Santo, por Santa Catalina de Siena)

Meditación
En la homilía pronunciada al momento de proclamar a Santa Catalina de Siena como Doctora de la Iglesia, en el año 1970, San Pablo VI comenzaba destacando en ella las virtudes “aparentemente opuestas”, definiéndola como la humilde y sabia virgen dominica. El Santo Papa Pablo VI, expresaba que Nuestro Señor Jesucristo, al momento de alabar al Padre por haber develado los secretos de su sabiduría a los humildes, no tenía presente en su Espíritu solamente a los Doce a quienes había elegido de entre el pueblo inculto para enviarlos un día a instruir y enseñar a las gentes, sino que también pensaría en tantos otros que habrían creído en Él, siendo menos dotados a los ojos del mundo, entre los cuales se cuenta sin duda a la Santa de Siena.

Al describir la peculiaridad excelente de su doctrina, aclara que no se encuentra en sus escritos el vigor apologético o los ardores teológicos que distinguen las obras de las grandes luminarias de la Iglesia antigua de
Oriente y de Occidente, o las altas especulaciones propias de la teología de los doctores del medioevo escolástico. Este rasgo de su doctrina hace que lo más impactante en ella sea justamente dice el Papa, la sabiduría infusa, es decir la lúcida, profunda y embriagante asimilación de las verdades divinas y de los misterios de la fe, contenidos en los Libros del Antiguo y del Nuevo Testamento: una asimilación, favorecida sí de dotes naturales singularísimos, pero evidentemente prodigiosa, debida a un carisma de sabiduría del Espíritu Santo, un carisma místico.

Y entre las líneas características, los temas dominantes del magisterio místico y ascético de Santa Catalina de Siena, San Pablo VI se complace en destacar primeramente que “es la mística del Verbo Encarnado y sobre todo de Cristo Crucificado”.

El Verbo Encarnado desborda y se derrama en los labios de Santa Catalina, resplandeciendo por doquier y de multiformes maneras en sus obras la Misericordia infinita de todo un Dios que por amor nuestro, no haciendo alarde de su categoría de Dios, se anonadó a Sí mismo y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos, para liberarnos del pecado.

Padre Nuestro, Ave María, Gloria…

Oración final para cada día
Señor Dios, que hiciste a santa Catalina de Siena arder de amor divino en la contemplación de la pasión de tu Hijo y en su entrega al servicio de la
Iglesia, concédenos, por su intercesión, vivir asociados al misterio de Cristo para que podamos llenarnos de alegría con la manifestación de su
gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que contigo y el Espíritu Santo vive y reina en unidad, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
(Del Misal Romano, en la fiesta de Santa Catalina de Siena)

  • DÍA 2: SANTA CATALINA DE SIENA Y LA CELDA DEL CONOCIMIENTO DE DIOS Y DE SÍ MISMO.

Oración inicial para cada día
Espíritu Santo, ven a mi corazón; atráelo hacia ti por tu poder, oh Dios mío, y concédeme caridad con temor filial. Guárdame, oh Amor inefable, de todo
pensamiento malo; caliéntame, enciéndeme con Tu amor querido, y todo dolor me parecerá ligero. Padre mío, Señor mío, ayúdame en todas mis acciones. Jesús, amor, Jesús, amor. Amén.
(Invocación al Espíritu Santo, por Santa Catalina de Siena)

Meditación
Sin duda una de las enseñanzas que más resuenan de la Santa es la doctrina de la celda interior, aquella celda del conocimiento de Dios y de sí mismo de donde nace la verdadera comunión con Dios y con el hermano. Se trata de
una experiencia profunda de encuentro con el Amor de Dios que se manifiesta en el amor al prójimo.

Santa Catalina quería gustar de la soledad como ámbito de comunicación e intercambio con el Amado en trato frecuente y de amistad sin descuidar el servicio a los hermanos. Así, gracias a su doctrina de la celda interior, podía estar con el Amado donde quiera que vaya. ¿Quién o qué podía impedirle
amar, alabar, agradecer, sentirse hija amada de Dios? Durante toda su vida, y en sus escritos, ella nos describe ese lugar de soledad interior habitado por Dios, como un ámbito de vida en fe y amor en el que todas las virtudes se cultivan y crecen.

La experiencia de vivir en su celda interior le persuade a Catalina de que en ese secreto amoroso está su salvación; y como fruto de esa persuasión, en la medida en que ejerce como maestra de espíritus dirigiendo a las almas hacia la conversión e identificación con Cristo, se siente obligada a repetir a unos y a otros que ellos también necesitan construir y llevar consigo la celda del corazón, es decir, la reflexión y conocimiento sincero de sí mismos y del amor de Dios: “Te escribo en su preciosa sangre, con el deseo de verte
habitando en la celda del conocimiento de ti y de la bondad de Dios en ti. Esa celda es una morada que el hombre lleva consigo a dondequiera que va. En ella se adquieren las verdaderas y reales virtudes, singularmente las de la humildad y ardentísima caridad…” (Carta nro. 37 a Nicolás de Ghida).

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

Oración final para cada día
Señor Dios, que hiciste a santa Catalina de Siena arder de amor divino en la contemplación de la pasión de tu Hijo y en su entrega al servicio de la
Iglesia, concédenos, por su intercesión, vivir asociados al misterio de Cristo para que podamos llenarnos de alegría con la manifestación de su
gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que contigo y el Espíritu Santo vive y reina en unidad, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
(Del Misal Romano, en la fiesta de Santa Catalina de Siena)

  • DÍA 3: DOCTRINA SIEMPRE ACTUAL DE SANTA CATALINA DE SIENA.

Oración inicial para cada día
Espíritu Santo, ven a mi corazón; atráelo hacia ti por tu poder, oh Dios mío, y concédeme caridad con temor filial. Guárdame, oh Amor inefable, de todo
pensamiento malo; caliéntame, enciéndeme con Tu amor querido, y todo dolor me parecerá ligero. Padre mío, Señor mío, ayúdame en todas mis acciones. Jesús, amor, Jesús, amor. Amén.
(Invocación al Espíritu Santo, por Santa Catalina de Siena)

Meditación
Santa Catalina de Siena es una santa para nuestro tiempo, aunque el contexto y las circunstancias sean diferentes, ella nos enseña a poner siempre la mirada en Cristo y desde allí cumplir con la misión que el Padre le encomienda a cada uno en particular, pero siempre abrevando de la única fuente: la Misericordia de Dios.

“Y todos nosotros podemos dejarnos transformar el corazón y aprender a amar como Cristo, en una familiaridad con él alimentada con la oración, con la meditación sobre la Palabra de Dios y con los sacramentos, sobre todo recibiendo frecuentemente y con devoción la sagrada Comunión (…) A
ejemplo de Catalina de Siena aprendamos a amar con valentía, de modo intenso y sincero, a Cristo y a la Iglesia”. (Palabras del Papa emérito Benedicto XVI en su catequesis del 24 de noviembre del 2010).

El Santo Padre Pablo VI, al concluir su homilía en la Santa Misa donde se declaró doctora de la Iglesia a Santa Catalina de Siena nos recordaba: “el mensaje de una fe muy pura, de un amor ardiente, de una entrega humilde y generosa a la Iglesia católica, como Cuerpo místico y Esposa del divino
Redentor: este es el mensaje de la nueva Doctora de la Iglesia, Catalina de Siena. (…) Recojámosla con alma agradecida y generosa, para que sea luz de nuestra vida terrena y prenda de pertenencia futura y segura a la
triunfante Iglesia del Cielo. ¡Que así sea!”

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

Oración final para cada día
Señor Dios, que hiciste a santa Catalina de Siena arder de amor divino en la contemplación de la pasión de tu Hijo y en su entrega al servicio de la
Iglesia, concédenos, por su intercesión, vivir asociados al misterio de Cristo para que podamos llenarnos de alegría con la manifestación de su
gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que contigo y el Espíritu Santo vive y reina en unidad, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
(Del Misal Romano, en la fiesta de Santa Catalina de Siena)